Un corazón podrido
Al que no le falta luz:
cuaderno holográfico del poeta Juan Glez
La tana - tras notar las
monedas - amenaza que si no palpa billete no hay futuro - ni me dirá el aviso que
le cuenta la grieta que descuadra la eme de mi palma derecha. Dos monedas de
un euro es un trato justo por dejarme la mano. Te he dado dos euros para evitar que te pongas
a escuchar esa cinta. La tana no lo entiende y me suelta que me espera una llamada que
me va a cambiar la vida. Yo bajo por Carretas igual que un buen cristiano. No
hay ironía en este texto. Ni tristeza ni alivio. Ni aprendizaje ni pollas.
Adicto a la profundidad olvido la idea. Ya no puedo leer sin escribir. Ya no puedo hacer más que pensar y sentir entre un magma de cacharros que son o se clavan o son y se clavan. Soy el ganso que tú llamas paté. El albatros metido en una urna de metacrilato pequeña. Demasiado pequeña. Cada vez más demasiado pequeña.
¿Qué quedará en ese quién sin ti? ¿Podrá soñar que sueña que escribe que sueña con galgos ahorcados - que nunca entiende si muertos o qué - colgando cada uno del entramado de vigas de madera vieja como una familia en la sucesión de seres. Y que los cuenta. Y que falta siempre uno de los que debiera haber. Y que por tanto?
Despeñaperros. Tentetieso. Salsipuedes. Abanico sin aire. Tumbasiete. Todo ello, sacado de lugar o nominal administrativo. Y para comer, puede elegir entre canguingos y patas de peces. Ya le digo yo que esto es un buen menú, buen menú, buen menú, señor. Por supuesto, podrá disfrutar de una larga sobremesa en Matazorras, cortesía de la casa. Porque todo aquí se recorre, se sorbe o se mastica, purita realidad canal horeca. Está usted en casa de Tito Andrónico, míster. La entrada es gratis; la salida, vemos.
Hagamos análisis Sicosocial del in itínere que consiste en el paso de una tripa a la otra por el interior de una ciudad que todos observamos desde las pantallas. El meta leviatán transmutado en sierpes avanza por el hueco arquitectónico de una cáscara habitada por su fluir constante, que traslada fantasmas que pasan de una a otra sin dejar de mirar la pantalla por la que todo esto nos pasa. Es todo tan sencillo que no te has dado cuenta de tu porcentaje de fantasma digital en todo este trayecto diario. Menos mal que estábamos aquí. Ahora, ya no tienes excusa, perla.
¿Cuántas cabezas harán falta
Para que pases a otra parte del corpus?
- Tantas como platos puedan contarse en Ikea