Llamadme Ishmael. Seré vuestro testigo. El del capitán. El que os sobreviva. Naceré en la primera página y escribiré vuestra última. Renaceré abrazado a un ataúd hecho de la madera de otro ataúd llamado Pequod. Llamadme Ismael. He venido a dar testimonio. Estaré con vosotros fuera del doblón clavado al palo mayor con todos los ojos trepando. Dentro del dentro del dentro del dentro anotaré cada piedra en el saco que hacia Leviatán nos lleve. Mas yo no iré abajo abajo abajo con vosotros. No iré abajo abajo abajo con Ahab. No bajaré los azules hasta el negro donde reina el blanco Leviatán fuera del tiempo. Como pella de azufre flotaré amarillo una muerte. Hacia afuera en lugar de hacia abajo. Porque no hay hacia dentro en el espacio de la idea de Leviatán. Ni sonido para hombres de este lado. Ni alfabeto para Ismael. Yahvé me engañará. Seré el hijo expulsado - muerto y renacido en la madera de un barco que navegará hacia abajo siguiendo el peso de un susurro blanco. Seré el narrador con la voz invertida. Y nadie os olvidará nunca salvo Leviatán que está fuera de tiempo y memoria.