La tana - tras notar las
monedas - amenaza que si no palpa billete no hay futuro - ni me dirá el aviso que
le cuenta la grieta que descuadra la eme de mi palma derecha. Dos monedas de
un euro es un trato justo por dejarme la mano. Te he dado dos euros para evitar que te pongas
a escuchar esa cinta. La tana no lo entiende y me suelta que me espera una llamada que
me va a cambiar la vida. Yo bajo por Carretas igual que un buen cristiano. No
hay ironía en este texto. Ni tristeza ni alivio. Ni aprendizaje ni pollas.