Entras. Te sientas. Ofreces el ramiro de jazmines masticados. Es el de otras veces - sesga la gorgona medicinal. Sí: el que cambia es quien te lo entrega. Personaje - otra vez personaje - espeta con algo parecido a una sonrisa la gorgona. ¿Cómo lo sabes? No eres una Norna ni una pitia: siquiera eres tú otra hermana la que. Personaje: aquí tus palabras no te salvarán. En este altar donde las dos juzgamos tu enredadera no tiene pared. Pero ¿qué otra forma que palabras hay para formular un acto ante vosotras? Las palabras son el aire que infla al personaje que ambas sabemos lo que va a hacer: el acto es nuestro. Pero si no sois Nornas ni os está permitida la grieta en Delfos. No lo intentes: somos las gorgonas. Sois dos de las tres y las serpientes vosotras no las tenéis en la cabeza: sois lenguas: palabras que emiten juicio sobre un acto que aún no existe. Personaje. Y ser dos de las tres no es ser personaje. Palabras. Sí, palabras. La semana que viene traeré el ramito a que lo bufé tu hermana. Eso tenlo claro. Lo tengo: ahí sí que hay futuro y acuerdo. Por eso. Exactamente por eso.