Piedras en la negra noche del alma que buscan al ruiseñor del primer canto. Lengua que se dice ojo pasa por el borde de una cuchilla mellada como boca de viejo vinagre que llora con la franja superior del rostro y amenaza como un tahúr con la inferior en busca de la hostia que le ponga a dormir de una puta vez como a los justos