¿Y cuando la inmersión o absorción del “acto poético” se torna at nauseam? ¿Cuando el mal de Stendhal se convierte en lumbalgia y el joven Rimbaud en taquígrafa y el Aleph es una máscara fija de final de emisión de un canal dentro de tus ojos? ¿Y si la flecha no olvida el arco? ¿Y si el albatros se vuelve ave ponedora de crianza? ¿Y si el estilo es un qué?