Aquel melocotón de carne de cañón que puse a secar en el folio del dinero hasta la súplica. La diana que me pinté en la frente de otro. La sien que acompasé al cilindro de un bote de cerveza. La bota de cuero negra que no volvió con mi traje ni conmigo de Villaviciosa. Los retrovisores que afeité con la cara de un amigo esquizofrénico al que reventé los testículos mientras le gritaba que no se levantase. El minué con que desprecié al amiguete que después salté un diente sabiendo que lo haría y al que perseguí como el esclavo que susurraba al oído del César durante años. La música de quijada al cielo de un humano al que no pongo cara y que regalé a una amiga tras una cena de empresa. El estómago con que amenacé al cuchillo jamonero de una amante. El pintalabios que usé en la boca vomitada de un Conan tras dejarlo al borde del coma etílico en el urinario de una boda a la que fui – en los sentidos que eso puede tener –como invitado de blanco. El ojo de tres lunares que ensarté al asta de bandera al agacharme deprisa en lo oscuro de una habitación en obras a la que entré por dinero para lluvia y en la que encontré el Big Bang del verde saturado hasta el blanco de úlcera de película de un rasguido. Los palillos con que hacías crecer patas a las moscas. El mechero y las pinzas para arrancar las alas a los insectos en las horas de siesta. El crujido diferenciado entre la queratina pisada de un ciervo volador y la concha de un caracol de pared encalada. La noche untada de liga en los grillos. Los cuerpos de renacuajos y escuerzos temblando fuera de la charca y dentro de un bote. El tritón el cristal de la pecera la devoración y mi hermano. Todas y cada una de las caras de personas que amé cuando las hice comer miedo. El escaparate donde fui pintor figurativo durante casi veinte segundos restregando la cara de un mudo que hablaba por los codos. La presión de almohada que ensayé por piedad y no ejecuté por temor a la consecuencia cinco veces ante el ocupante de la cama que había tras la puerta que encontrabas según entrabas a la derecha de una casa que ya no existe y que siempre que puedo visito. Las esquirlas de ventilador en el corazón de mi mujer y mis padres. La tensión a la que someto cualquier tipo de amistad. Esta lengua y estos ojos inyectados en demonio que se ponen por delante de todo y contra todo. Todo lo que recuerde es mío y de ahí que no sostenga conscientemente la mirada a la mayor parte de espejos. Pero por favor: la piedra que salió de mi mano y mató al gorrión en pleno vuelo – la sorpresa de dos caras del cegato – los vítores y el ancla haca abajo con el mundo hacia arriba que ya no se me ha ido del plexo, quítamelos. Y llévate estos ojos dentro de dentro de los ojos de regalo. Son como navajas suizas (escribí hace tiempo): sirven para todo y para nada.
Cuántas etiquetas usaron Para hundirme en el hombre - Declama el escorpión Ridículo cual príncipe danés Que vive en el fondo de un dodo Que vive en el fondo de un hombre Al que escribió Eliot y lo llamó Hollow
En la jaula hallaron Almas de destrucción masiva Se la llevaron vacía tras limpiarla de todo Hoy la jaula ha venido a decirme - sus palabras
Caían como piedras cifradas sobre mis pies desnudos - Yo las recogía y buscaba dónde escribir para ella Que no leía nada y que en mis sueños no hay sonido
Cristeza - anemia del alma cuando se tiene una y es cristiana (quiera el sujeto o no), devenida de la Nostalgia de lo que otro perdió al iniciar el Tiempo por Apetito y que era Estar en el Jardín sin conocer la función del Sauce que (fractal y disminuido) llora.
Noche de pantalla canales scroll. De rodilla contra canto de mesa. De astillas de cristal que a quejido con sordina recuerdan que pesas en la planta del pie. Que casi hace un año rompiste una luna al caer sobre ella, y - rasga desde fuera un timbre en otra casa: te tiras de cabeza al azul para hundirte en la pantalla - mas es en la pomada de lágrima que caes. Allí te dejas y desde este lado del Leteo con pulgares escribes: hay una vida en que una libélula sueña por su ojo fractalla velocidad desde el interior de un ámbar.
Me paso el juego - seguís aquí ¿Y ahora? ¿Chimpún y todo eso? ¿Analgesia y cifrado? ¿Gimnasia Olímpica? ¿El acertijo del cocodrilo y el ñu a los lados del espejo? ¿El chiste de Uróboro & Anaconda entran a un bar? ¿Las uñas de meta música de pulsos de los tres corazones del pulpo que peinan un cerebro que sueña la rosa azul del Ártico que todo quisque sabe que (no) existe? ¿Volver a trampear y tender cepos que cerrarán para nada y saltarán tu quicio hasta volarlo en mirlos? Ale - todos a casa ¿Mañana? Más mañana - Gertrude: esto siempre ha sido un río que no existe
Caes de culo al comienzo de la bajada Te quedas mirando cómo mezclas con la lluvia Que empuja la hez de la plaza de Callao hacia la nada De Sol - respondes ¡todo óxido! cuando las chicas preguntan Después gritamos ¡ay la caja! y sonreímos a una
Mientras con los dedos apagaba La vela que alumbraba el (no) lugar Donde ya estabas contando el de la lechera Piensas que - sonriendo al aire - decía ¿te acuerdas?
El relámpago del fotograma Cuando cierras los párpados y aprietas Pulgar e índice con ansia de hundir los ojos: Forma de hacer luz con barrena - fantasma y dios
Traicionar lo que sabes por el río del mundo Rebajarte al chisme del contrato de Comunicación Dar poder a lo que las entrañas y el del fondo repiten que no
Elegir la trampa del otro y su teatro contigo dentro
Grita para no escucharse recordar Que las arañas que trajinan la red del Dato Lo que dicen lo hacen por las trazas - hez que deja Al revolcar por los nidos - ruido para mutis por un río
Que cabe en el culo del vaso que mueves de la empatía a la arcada
- La danza dicta que péndulo es martillo y para eso
A escala Gojira era una cabeza A la que le rebotaban los intentos de daño Y que no hacía más que gesticular en el no sonar Del blanco y negro de la mecánica a la que daba paso
El chiste en la mística La tarjeta de crédito El baño al fondo a la derecha La calor y la cháchara - te escucho ¿Adjetivos ahora? A la mierda: Eres nadie en el mundo de nada Yo nada en el mundo de nadie
Cortes por filos de luz Ojos de segundos en el cerebro Demostrando que el tiempo no existe Que nada se olvida y que la trampa se llama De todas formas Recuerda